Ane y Ariane, el paradigma de los roles cruzados

Roles cruzados: aquel agresor es ahora el hijo; y aquel hijo, el agresor de la vida actual.
Caso real de sanación en el Centro Alsia.

A veces sucede que una sola sesión resume y recoge meses de terapia y acompañamiento y, en un caso así, me encanta plasmarlo y compartirlo, para que veas cómo trabajo. Y para que disfrutes, como yo, de una sanación tan profunda.

Debo decir que yo también sano con cada persona que viene al gabinete. Algo de mí también se libera. Por todo ello, estoy sumamente agradecida a Ane, y a su alter ego medieval Ariane.

Te pongo en antecedentes: Ane es una bella mujer, frágil y dulce, que no ha sabido poner límites en general, hasta el punto de que su vida se reduce al trabajo y la familia, porque se ha ido apartando de las amistades precisamente por no haber sabido situarse en la relación, coger su espacio.

Me decía el otro día que ella necesita complacer a sus seres queridos para que estén a gusto y para evitar conflictos. Hablábamos de esa enfermedad social que nos gusta llamar “buenismo” y que tantas personas padecemos o hemos padecido. Ya que no nos sentimos queridas por ser como somos, ya que eso no parece bastar, procuramos hacer que nos quieran por lo que hacemos por ellos. El argumento es sencillo y poderoso, pero es perverso.

En el caso de Ane, que desea lo mejor para sus dos hijos, la perversión consiste en que su falta de poder para enfrentarse al agresivo padre de sus hijos está haciendo que su hijo menor, de 11 añitos, empiece a comportarse como su padre.

Ella pensó que sería suficiente separarse de él para poder vivir en paz, pero ya está viendo que para nada es así. Que lo que no supo hacer viviendo en pareja debía hacerlo ahora igualmente, debía enfrentarse a él.

Hace unas sesiones hicimos una limpieza energética profunda de la casa, una herencia familiar, y le ayudé a conectar con una ancestra que había tenido una vida miserable entre esas mismas paredes. Su energía seguía en la casa, impregnándola de dolor y miedo. Entre Ane y yo, transmutamos a esa señora y limpiamos las impregnaciones de la casa. Así, empezó a dormir mejor.

En la sesión del otro día, en diciembre de 2025, queríamos investigar el origen del conflicto que tenía con su hijito. Supusimos que habría alguna vida pasada relacionada con ese conflicto, porque en ello consiste la terapia regresiva, en buscar orígenes lejanos a los conflictos actuales. Rara vez no los hay…

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Ane me llevó a la Eslovenia del siglo XV.

Se vio como una niña en el campo, rodeada de verdes prados, viviendo en una casa de piedra y madera. Está asustada: su padre le grita desde la casa que entre de una vez, pero ella decide darse media vuelta e irse a la pradera. Su madre, que también le teme, le deja hacer y no se enfrenta a él.

Toda la familia vive esclava de su mal humor y su tiranía.

Llega a la adolescencia y Ariane consigue hacerle frente al padre, pero a costa de irse de esa casa. La madre decide quedarse con él, sometida. Y con ellos se quedan también el resto de hermanas y hermanos.

La joven, sin rumbo, llega a un pueblo pequeño, donde es acogida por una mujer que le da cobijo a cambio de trabajo: además de las labores de casa, trabaja los tejidos, quizás haciendo trajes. Ariane encuentra la paz, por fin, en ese entorno amable.

Pasado un tiempo decide casarse con un hombre al que no ama, pero que cree que le dará estabilidad. En realidad, es un hombre oscuro y malvado, al que según va conociendo más le teme. El mismo día en que nace su primer hijo, comprende que no puede criarlo junto a él, al mismo tiempo que se da cuenta de que es posilbe que el hijo tenga el mismo temperamento que su padre.

Así, vuelve a escapar del hombre agresor, antes el padre, ahora el marido, y su vida se convierte en un constante movimiento, sin poder echar raices en ningún lugar, a sabiendas de que su marido les persigue allá donde vayan.

Finalmente vuelve a su hogar familiar, donde su madre vive sola. El padre había fallecido y los hermanos se habían emancipado, así que la madre acogió con alegría a su hija y a su nieto de 6 años.

Pero poco les dura la concordia, ya que el hijo va desplegando una personalidad agresiva e incontenible, hasta tal punto que su madre le pide que eche al nieto de casa. Ariane vuelve a desistir de su responsabilidad y simplemente acepta con pena que su hijo, vista la situación, decida irse por su propio pie.

Los restantes años hasta el final de sus días suceden sin cambios ni alegrías. Muere de pena y con gran sufrimiento. Morir le resulta desgarrador, por la comprensión de que ya no podrá enmendar la situación con el hijo, por no haberle podido ayudar a enderezar su carácter.

Sube al Espacio entre Vidas llena de dolor. Le recibe un imponente Maestro que se hace llamar David y que le cubre con su manto de compasión. Le anuncia que deberá repetir la situación hasta que aprenda a enfrentarse a los agresores. Que aquello que quedó pendiente en el siglo XV debe corregirse ahora, en el siglo XX.

En sanscrito le llaman sanchita karma al conjunto total de karmas o acciones que debemos ejecutar o compensar como almas y prarabdha karma al conjunto de karmas que seleccionamos ejecutar en una vida concreta. Como ves, no es algo lineal ni acumulativo: Ane ha tardado quinientos años en retomar ese karma. Mientras tanto, habrá tenido otro tipo de experiencias y de enseñanzas, no lo dudo, porque es un alma muy valiente y decidida a terminar lo que empezó.

Ane se estremece al comprender que ella ha elegido tener un marido agresivo en la vida actual, para sanar o compensar lo que no supo hacer como Ariane. Y llora al recibir este mensaje de su Maestro David:

“Debes enfrentarte al padre de tus hijos, ponerle límites y que tu hijo lo vea. Es necesario que te enfrentes al padre para que el hijo sienta que le proteges y le amas. Eso es cuidar y querer a tu hijo, así se sentirá querido. Protege a tus hijos.”

Le pregunto a continuación qué forma tendría ese temor que le inspira el padre de Ariene y otros hombres, como los maridos de Ariane y Ane e incluso los hijos de ambas: una cuerda, dice, una cuerda gruesa de “sokatira”, una cuerda áspera en mi vientre con un gran nudo. Entonces le digo a Ariane, saca esa cuerda de tus entrañas y dásela a tu padre y repite estas palabras: “te devuelvo todo este dolor y este miedo, porque son tuyos y tú lo debes solucionar. Yo recupero la energía que perdí en toda aquella experiencia.”

Finalmente, le pregunto si el alma del hijo actual es la misma alma de alguno de los personajes de la vida eslovena. Hay algo mágico en preguntar esto, allá en el espacio entre vidas, saber si alguna de las personas importantes de la vida que hemos rescatado está en la vida actual, con otro rol. En este caso, fue tan sorprendente que Ane no terminaba de comprender cómo era posible que hubiera sucedido así:

El hijo de Ariane es actualmente el padre de los hijos de Ane. Al que teme profundamente.

El padre esloveno es ahora el hijo que se le enfrenta y al que ha empezado a temer.

No creo que ninguna novelista hubiera podido elaborar algo tan intrincado y bello.

Terminamos la sesión armonizando las relaciones medievales, poniendo luz y compasión en el quehacer de todos los que participaron en la vida de Ariane, comprendiendo que cada persona lo hizo lo mejor que supo.

Y con fuerzas renovadas y un sendero claro y luminoso que le está llevando a conseguir su verdadero objetivo: aprender a poner límites, ocupar su lugar y enseñar con su ejemplo a su hijo, a sus hijos, que es sano y necesario poner límites y que no deben someterse a un padre agresor.

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Gracias por estar ahí, bella alma lectora 💛

 

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