Mariposas
Caso real de sanación en el Centro Alsia.
Ha pasado un mes y todavía no sé el alcance de la sanación que se logró en Hektor, porque no se ha encontrado todavía con mariposas.
Sí, mariposas; vino porque tenía miedo de las mariposas. Un chico de 30 años, con un cuerpo escultural, de piel bronceada y cabello artísticamente recortado. Jamás dirías que este hombre pudiera temerle a nada en esta vida, y se sentía bloqueado, congelado, cada vez que veía una preciosa mariposa, sobre todo si era de esas que al abrir sus alas tienen dibujos circulares que semejan ojos.
Solo le he visto por dos horas en toda mi vida y no sabía qué quería trabajar hasta que llegó al gabinete. Sorprendentemente, no insistí en saber lo que quería investigar. Al llegar, tras unos minutos de cortesía, me confesó que se avergonzaba de esta fobia que tenía a las mariposas, pero que había llegado el momento de enfrentarse a ella porque acababa de ser padre y quería sentirse libre en la naturaleza junto a su hija, y no transmitirle esta sensación de peligro que siente cada vez que va al campo. Me resultó conmovedor.
Me dice que tiene una especie de recuerdo, una sensación de ser muy pequeño y acercarse a la hierba curioso a ver algo y entonces una mariposa echa a volar y se asusta y se cae hacia atrás, sin dolor. Ni tan siquiera puede decir qué lugar es o con quién está, no puede ni siquiera asegurar que sea un recuerdo real, es algo difuso que le viene a la mente cada vez que ve una mariposa y se queda bloqueado, inmóvil.
Le pido que se tumbe y cierre los ojos, le ayudo a relajarse con una relajación guiada y profunda, un buen aroma en el aire, una melodía envolvente, llega a ondas theta o supraconsciencia, y abierto al campo como está, le pido que recuerde esa imagen, que se adentre en ella.
Ahí comienza nuestro trabajo de excavación, de ir adentrándonos poco a poco en esa sensación, ve que se trata de una finca familiar, oye la voz de su madre, es muy pequeño y trastea por el jardín.
De repente recuerda el golpe contra el suelo.
Le pido que vaya a un momento anterior, para comprender lo que pasa: oye que le llaman para comer pero él no hace caso, “prefiero jugar aquí, ay, huelo a sangre!”
Ahora sí que duele, ahora sí que hay un motivo para temer a esa mariposa que le ha asustado y le ha hecho echarse para atrás, cayéndose al suelo y golpeándose con la cabeza.
Y continúa: “me veo viéndolo, como un espejo muy viejo un poco empañado, solo está el verde de la hierba y yo inmóvil. Me siento justo así cuando veo una mariposa. Estoy muy triste, me siento diferente, no soy normal, solo me entiendo yo…” dice llorando quedamente. Le animo a profundizar en toda esa información que asoma, comprensiones relacionadas con ese momento. “No me dicen que me ven diferente, pero yo lo veo. No se lo digo a nadie… Nadie sabe que soy diferente salvo yo, excepto cuando aparece una mariposa porque ahí lo ven, ven cómo reacciono y no me puedo esconder”.
Va teniendo comprensiones, frases entrecortadas que no alcanza a completar y le animo a que continúe indagando en lo que pasa, esa sensación de que nadie viene a socorrerle, de que duele, de que luego, con los años, se ha convertido en una anécdota familiar de la que reírse… sonríe, llora, suspira, se relaja, va manifestando todo lo que estaba atrapado.
Cuando se relaja, intervengo: le pido al Hektor adulto que entre en escena y abrace al Hektor niño y le consuele, que le haga ver que esa mariposa era muy grande para el niño y que se hizo daño y sintió miedo y que no recuerda que vinieran a socorrerle enseguida y que todo lo que sintió fue complicado y doloroso, que tenía todo el derecho a sentir eso, que es normal haberlo sentido; pero que una mariposa para el Hektor adulto es algo muy pequeño que no puede hacerle caer… “todo está bien, atado… rabia de no ser…” dice mientras tiembla. ¡Qué bueno que aparezca el temblor, qué sanador!
Al terminar la regresión me dice que ha comprendido que mamá y papá no le han permitido estar mal, que se separaron al poco de esa escena y que no lo atendieron. Solo se sintió validado por su querida abuela.
A las dos semanas me atrevo a preguntarle y me dice que se siente muy tranquilo, como que algo se ha cerrado por fin, que aunque todavía no haya visto mariposas, ha merecido la pena, que ha tenido muchas comprensiones y que todo está bien, por fin.
Muchas gracias UniVerso por permitirme acompañar estos procesos, por estar en la posición de ayudar a restablecer el amor, allá donde se perdió.
Descubrir el origen de una fobia siempre te revela emociones atrapadas que puede que no tengan nada que ver con el objeto que temes…
Terminamos la sesión integrando mentalmente todas las emociones que han brotado con fuerza, sabiendo que algo profundo y oscuro ha sido revelado.
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Gracias por estar ahí, bella alma lectora 💛
Libera el inconsciente, ese espacio profundo, lleno de luces y sombras.
Da luz a las sombras, para que se disuelvan en el Amor y el Perdón.
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